Si forrar el auto de acero y cristal grueso como una pared no es suficiente, hay una última línea de defensa en el campo de la seguridad que ya invade la intimidad de la persona. Es la ropa acorazada.
Un sastre colombiano, Miguel Caballero, es uno de los pioneros en la confección de prendas de vestir blindadas como sustitutas de los pesados chalecos antibalas. Presidentes, jefes de empresa y artistas visten los elegantes trajes de materiales ultrarresistentes que produce el taller en Bogotá de este maestro de la costura.Entre 390 y 520 millones de dólares genera en el mundo este tipo de negocios, que incluso llega a fabricar ropa interior a prueba de balas. Popular entre los policías, son calzoncillos largos con almohadillas de tejidos resistentes que protegen zonas particularmente sensibles, como la arteria femoral.
